A la caza del poder: Contubernio Político

Editorial

Se desplieguen coaliciones, denominadas por algunos politólogos, “atrapa todo”, en las que sin importar cuál es la afinidad de ideología del candidato, los más avezados partidos, dan el espaldarazo al potencial aspirante.

Nos encontramos a puertas de un proceso electoral que definirá el futuro local y regional del país, y somos testigos de las alianzas que se llevan a cabo entre los distintos partidos políticos y los candidatos con mayor posibilidad para detentar el poder a este nivel.

Así las cosas, el potencial elector, en un maremágnum de ideas políticas, morales y hasta religiosas, emite su voto por quien “le parece el mejor”, que no siempre resulta ser el mejor para llevar las riendas de la región o ciudad que va a gobernar, poniendo en peligro el desarrollo del territorio que quedará a merced del gobernante elegido, quien resulta ser el triunfador frente a potenciales votantes escépticos, que en su mayoría se abstienen de ejercer su derecho y obligación electoral, pues están “hartos” de los escándalos por corrupción que se destapan a granel por estos días de finalización de los mandatos actuales, allanando así el camino para aquellos electores que a cambio de favores votan de buena gana por quienes les convienen a sus intereses individuales.

No es de extrañar que como expertos cazadores se desplieguen las coaliciones, denominadas por algunos politólogos, “atrapa todo”, en las que sin importar cuál es la afinidad de ideología del candidato, los más avezados partidos, dan el espaldarazo al potencial aspirante, para de esta manera lograr detentar el poder, instaurándose así una transacción en la que ambos, candidato y partidos, ganan apoyándose mutuamente, en una especie de contubernio, frente al que los ciudadanos resultan ser los grandes perdedores, pues los grupos partidistas obtienen del candidato electo, al que respaldaron, tratamientos excepcionales, consistentes en contratos, favores, concesiones, privilegios y exenciones que se manifiestan en su provecho propio, a cambio de votos; fraguándose así “la gran estafa” al pueblo.

De esta manera, las localidades y regiones, se van hundiendo en el subdesarrollo y la pobreza, en el caos y los problemas que ocasionan gobernantes que movidos por el afán de sacar su tajada toman decisiones que en nada favorecen a las poblaciones de las que se sirven y a las que en poco o nada ayudaron, y que por el contrario, en muchas ocasiones perjudicaron; dejándolas en la desolación por decisiones mal tomadas, en lo que se percibe como un saqueo de mejoras y progreso, toda vez que consumado el hecho, buscan residencia en otras urbes, con el ánimo de no padecer el desorden que se deja con el mal manejo gubernamental.

La única alternativa que queda en manos de los potenciales electores es salir en masa a expresarse a través del voto, sufragar a conciencia, emitir el voto castigo y así derrotar la politiquería.

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